Parecería extraño que algo tan natural como la facultad de pensar, tenga que aprenderse. Espero que podamos entendernos y así comprendas la importancia del tema y quizás decidas dedicarte a trabajar para ese aprendizaje.

Si ahora mientras lees esto, desplazas tu vista a tu alrededor, podrás ver muchas cosas. Puedes nombrarlas una por una y te aseguro que todo lo que encuentres, primero existió como un pensamiento y luego se materializó en lo que estás mirando. Así es, quizás puedas decir, pero veo un árbol allí o el cielo azul, etc. Todo, todo, todo, primero se pensó y luego se materializó. Tal vez por eso Albert Einstein dijo una vez: “Quiero conocer los pensamientos de Dios, el resto son sólo detalles”.

Un pensamiento es una onda de energía e información, que se manifiesta en forma lingüística a través de nuestro cerebro. Es lo que constituye la mente, que destaca los procesos que tienen lugar para obtener el resultado final.

Los pensamientos tienen poder, se convierten en creencias que pueden terminar dirigiendo nuestras vidas. Veamos un simple ejemplo. Se cuenta de un campesino en China que perdió un hacha con la cual trabajaba en su tierra. Al frente vivía un vecino que tenía un hijo, del cual empezó a sospechar que el muchacho le había robado el instrumento de labranza.

Cuando el señor veía al joven, advertía que su forma de mirar, de hablar, de caminar, etc. eran propias de un ladrón. No tenía dudas de que él era el responsable de la desaparición del hacha.

Poco después, el campesino encontró su hacha en un lugar donde él mismo la había puesto, pero se le había olvidado.

A partir de ahí, el joven cambió su forma de mirar, de hablar y de caminar como un ladrón. Ahora era una persona honrada y de buenos valores.

Como ves, el pensamiento lo crea todo. Si crees que tienes un problema, tienes razón y si crees que no lo tienes, también tienes razón. Por eso sabemos que lo importante no es lo que nos sucede, sino lo que pensamos respecto a eso que nos sucede.

Podríamos mencionar muchas maneras de aprender a pensar, o quizás reaprender. Mencionaré sólo tres:

La primera es a través de un autoexamen. Podemos repasar nuestra vida y ver las creencias que nos transmitieron nuestros padres, abuelos, maestros, etc. en los primeros años. Allí se formó la manera de mirar el mundo, pero es posible que ahora tengamos que modificar esa visión. En otras palabras, necesitamos abrir nuestra mente y hacer los ajustes de lugar. Desapegarnos de creencias limitantes que probablemente nos han hecho mucho daño.

La segunda manera de aprender, es observar nuestros pensamientos, experimentar cómo nos hacen sentir y si no nos sentimos bien con ellos, podemos cambiarlos por otros que nos permitan sentirnos diferentes. Es poner un pare como el semáforo en rojo y decir que ese pensamiento no tiene cabida en mi cabeza. Entonces pongo en su lugar otro pensamiento que no me produzca esos resultados.

La tercera forma es a través de Mindfulness, observando los pensamientos a través de la meditación y aceptarlos sin juzgarlos. Veremos cómo se disuelven y dejan de molestarnos.

Claro, un simple artículo de unas cuantas palabras no es suficiente para generar un cambio significativo. Quizás lo que necesites ahora es buscar información sobre esas tres sugerencias y poco a poco equiparte de un nuevo estilo de vida que te permita sentirte tranquilo y seguro en tu forma de pensar, pues una mente tranquila es todo lo que necesitamos. La clave para ser feliz es aprender a pensar, pensar bien y pensar positivo.