Si quieres cambiar el todo, comienza por sus partes

 

Desde muy joven me interesé por el bienestar humano, buscando siempre la manera de aprender a vivir mejor. A lo largo de los años he contemplado múltiples variantes del sufrimiento que nos acompaña y he buscado la forma de contribuir a paliar sus efectos.

Era todavía un adolescente cuando me enamoré de los libros de autoayuda. Ya en la adultez me encontré con Anthony de Mello y fue mucho lo que aprendí con él. Siempre recuerdo cómo hacía de un simple cuento una gran lección para ensañar. En una ocasión contaba que cuando tenía 20 años, oraba a Dios pidiéndole cambiar el mundo. Pasaron 20 años más y el mundo seguía igual. Entonces cambió su oración y le pedía a Dios que lo ayudara a cambiar por lo menos a su familia. 20 años después, o sea ya con 60 y viendo que su familia seguía igual, decidió cambiar su oración. Ahora pedía a Dios que lo ayudara a cambiarlo a él. Fue así como al enfocarse en su propio cambio, cambió él, cambió su familia y cambió el mundo.

Todo es sistémico, incluso nuestro cuerpo físico. Un cáncer comienza por una simple célula atípica que se multiplica e invade al conjunto. La buena noticia es que también la sanación comienza así. Sanando una célula podemos sanar al conjunto.

En el campo psicológico, que es a lo que más me dedico, pasa lo mismo. Cuando atiendo parejas, ambos vienen convencidos de que si el otro no cambia no hay nada que hacer. Entonces les digo: “Cuando señalas al otro con tu dedo índice, hay tres que te están mirando a ti”.

Si tu cambia cambiará el mundo. De eso no hay dudas. Deja de quejarte y decídete a cambiar tu vida. Esa es tu responsabilidad. Para sorpresa tuya, cuando cambies tú te darás cuenta de que todos cambiaron.